IMPORTANCIA DEL SEXO EN LA MENOPAUSIA

Dr. Armando Soberanes H.

Se ha proporcionado ya la necesaria información técnica acerca de la menopau-

sia, y aquí se aborda un simple concepto general que la define como amenorrea

(falta de regla) de 12 meses calendario, la cual puede ser:

  • •Natural. Tras 12 meses consecutivos de amenorrea sin causa patológica; en

  mujeres entre 45 y 54 años.

  • •Temprana. Tras 12 meses consecutivos de amenorrea sin causa patológica en

  mujeres menores de 40 años.

  • •Iatrogénica. Puede deberse a una operación quirúrgica llamada ooforectomía

  bilateral (retiro de ovarios) o a causas de otra índole como quimioterapia, ra-

  dioterapia o alguna enfermedad autoinmunitaria.

Un concepto acompañante y muy importante de la menopausia es el climate-

rio, definido como el periodo de cambios hormonales, físicos, psicológicos, con-

ductuales, sexuales, sociales y espirituales perimenopáusicos, determinados por

la estructura fisiológica-física-psicológica de la mujer. Se presenta de dos a ocho

años antes y de dos a seis años después de la menopausia.

    En las mujeres, la función reproductiva y el sexo están estrechamente rela-

cionados e inculcados desde su infancia. En la opinión del autor, es por esto que

cuando una mujer deja de reglar (es decir, cuando pierde su capacidad repro-

ductiva), pierde también su sexualidad.

    Ciertamente, los cambios hormonales regresivos que inician en el climaterio

causan múltiples trastornos relacionados con la sexualidad; por ejemplo, en los

genitales, en lo que se refiere a su forma, función y lubricación, o situaciones

mentales de un nivel superior a la genitalidad.

    Las mujeres de las generaciones de la década de 1990 y anteriores son el sus-

trato del tema. En su mayoría iniciaron su sexualidad con el padre de sus hi-

jos y futuro esposo, sin experiencia previa, con poca información, con una gran

cantidad de mitos y tapujos inmersos en una sociedad machista y tendenciosa

carente de equidad de género, en la que la mujer es prácticamente “utilizada” en

el aspecto sexual por su pareja, sin misericordia hacia sus sentimientos, gustos

y deseos. Las generaciones del nuevo siglo son hijas, nietas y bisnietas de esta

gran e inicua generación “jurásica” en lo sexual y sus vivencias han generado

cambios radicales en su comportamiento sexual. No es que hayan empezado

antes su vida en este sentido, más bien, es cómo la empiezan.

    Las mujeres actuales se masturban, suelen ser fieles o infieles, se relacionan

con hombres buscando satisfacer sus necesidades de placer y afectivas, e inclu-

so incursionan en la homosexualidad en su afán por conseguirlo. De tal modo,

seremos testigos de estas generaciones de mujeres que desean tener sexo, que

no necesitan casarse para ello, y que no tienen sexo porque requieran reprodu-

cirse o atenerse a las necesidades de su pareja.

    En 1985, Masters, Johnson y Kolodny hicieron una referencia que se plasma

de manera textual: “La necesidad de abrazar y ser abrazado, la necesidad de re-

lacionarse con otra persona o la necesidad de expresar sentimientos y de ser re-

ceptor de lo que otras personas te comunican, no se atrofia ni desaparece con la

edad”. Pero sí disminuye la autoestima y la juventud, ligada en nuestra sociedad

a la belleza y la actividad.

    La mujer menopáusica se deprime, deja de arreglarse, se siente no atracti-

va para su esposo y reacciona de manera magnificada a su historial sexual y de

comportamiento de pareja previo. Deja de ser mujer, cuando menos bajo su

perspectiva, y disminuyen sus irresistibles atractivos. No tiene apetito sexual; no

se excita fácilmente; no se moja como antes; le cuesta trabajo tener orgasmos y

a veces éstos son dolorosos; si alguna vez se masturbó, ya no lo hace; usa ropa

interior de anciana: calzones de carpa de circo, brassiere de tres por 10 pesos, y

se pone maquillaje tan discreto que es casi inexistente. Muchas tienen proble-

mas de salud anexos, como incontinencia urinaria, caries dental o descuido de

sus dientes, artritis, osteoporosis, trastornos ortopédicos, obesidad, psicopatías,

síndrome del nido vacío, síndrome crónico de insensibilidad sexual y una serie

de afecciones enormes.

¿Qué hacer entonces?

Es mucho lo que hay por hacer en estas circunstancias: por ejemplo, la disminu-

ción de la demanda de ejecución de la pareja o la mujer en sí misma en relación

con la sexualidad: no tiene que ser diario, pero tampoco sólo en aniversarios y

fiestas. Trabajo con los inductores externos del deseo y las fantasías sexuales.

Rehabilitación del suelo pélvico teniendo relaciones sexuales, masturbación y

juguetes debidamente usados. Lo que no se usa se atrofia: recurrir a lubricantes

y autoestimulación. Reacondicionamiento orgásmico (Maletzky, 1985). Erotiza-

ción con reacondicionamiento. Elaboración de escenarios eróticos. Trabajo de

los aspectos relacionados con comunicación, resolución de conflictos, manejo

de la ira, relaciones de poder asimétricas y un gran trabajo con la intimidad re-

lacional.

    Otros autores como Bancroft, Loftus y Long encontraron que sólo 24.4% de

las mujeres están preocupadas o angustiadas por su propia sexualidad (pobla-

ción sajona). Los mejores factores para predecir la angustia fueron el bienestar

emocional individual y el bienestar en pareja. Los factores de predicción que me-

nos funcionaron fueron la lubricación vaginal y el orgasmo. De ahí la conclusión

de que, como siempre ocurre con la sexualidad, es más importante la mente que

el cuerpo. Una mujer feliz, realizada, con una vida sexual plena, con una materni-

dad satisfecha, con una historia de pareja feliz y poca carga familiar de prejuicios,

pasará el climaterio sin problemas, llegará y saldrá de la menopausia como de

una etapa más. Disfrutará su sexualidad en su vejez, como el poco más de 70%

de la población mundial de ancianos, incluidos los mexicanos, que lo hacen en

plenitud a pesar de la censura de sus hijos y la sociedad. En cambio, la mujer “an-

gustias”, la mujer “víctima universal”, la de los cólicos menstruales “incontenibles”

que la obligaban a guardar cama desde la adolescencia, la de la “mala suerte” y a

la que “todo le pasa”, vivirá un climaterio y una menopausia de terror, dañará su

ya deteriorada relación de pareja, su trabajo, a sus hijos, y en general a todo su

entorno. La pregunta entonces es: ¿cuál de ellas quieres ser tú?